viernes, 9 de enero de 2015

Weisburd, un pueblo que espera (09-05-2006)

RECUPERAR LO PERDIDO:

  
     Era una época en nuestro país donde se vivía bajo un cielo lleno de esperanzas. Muchos extranjeros llegaban a este suelo con el objetivo de abrirse camino en la vida, querían labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir las ciencias y la enseñanza de las artes.
       Uno de estos tantos inmigrantes fue Don Israel Benjamín Weisburd, nacido en Ucrania en el año 1866, que allá por el año 1891 comienza a peregrinar en esta patria que adoptó como propia; persiguiendo el ideal de un futuro mejor.
       Tenía 25 años y ansioso por encontrar trabajo, se inició como peón de campo en la localidad de Moisés Villé, Provincia de Santa Fe, después fue comerciante. Hasta que finalmente se hizo obrajero en nuestra provincia; instalándose por primera vez en el kilómetro “129”, aunque en poco tiempo descubrió un lugar muy boscoso más al sur, que no se conocía al dueño y que lo llamaban “El Bravo”, (denominación que se le daba por un puma feroz que azotaba el lugar).
     En esa misma época fue administrador de Don Julio Haase, un fuerte capitalista, que ayudó bastante al señor Weisburd para Luego éste concretar proyectos audaces  y extraordinarios,
     Se construyeron más de doscientos kilómetros de vías férreas y en sus márgenes  nacían pueblos laboriosos, centenares de kilómetros de caminos que unían a estas poblaciones, teléfonos y doce obrajes que ocasionaban un intenso movimiento.
      La explotación tenía una extensión superior a las sesenta mil hectáreas, en su mayoría montes vírgenes con productos de excelente calidad. El asiento de la Administración General estaba en  Estación Weisburd y dos Subadministraciones en Villa Brana y Las Tinajas. Trabajaban más de mil quinientos obreros. Los productos eran transportados por camiones hasta las playas de las estaciones para luego ser distribuidos a los centros de consumo por vía férrea; también había cuatro aserraderos en diversos puntos del obraje en donde se elaboraban las maderas para durmientes, postes, rollizos, etc.
       La dotación de agua fue uno de los problemas mas difíciles que tuvo que afrontar este industrial, ya que para movilizar la industria, requería de su provisión. Construyó inmensos australianos, pozos y represas que surtían de abundante agua a lugares que lo requerían.
      Una de las preocupaciones más hondas y sentidas del Sr. Weisburd, tuvo que ver con la educación, no quería que los pobladores fueran analfabetos y comenzó a gestionar la instalación de una escuela que Luego de muchos viajes y gestiones se inauguró en 1919, teniendo como primer director a don Alberto Anabia.
      Enterado de su extraordinaria labor el Dr. Hipólito Irigoyen en ejercicio de su segunda presidencia ordenó cambiar el nombre de “El Bravo”, y en su Homenaje se llamó “Weisburd”, nombre de la localidad que aún continúa.
     En el año 1940 erradicó los ranchos  en su reemplazo mandó a levantar preciosos chalecitos de ladrillos con techo de tejas y resguardados con tapia de “costaneras” (maderas lisas de quebrachos que iban una al lado de la otra y sujetas con postes y alambrados)
     Es ésta, a grandes rasgos, la meritoria obra de un Hombre emprendedor e infatigable, que tuvo la fortaleza suficiente, para superar dificultades a través del trabajo y la perseverancia.
LA FÁBRICA DE TANINO: Exponente de la riqueza Santiagueña:
     Don Benjamín Weisburd consideraba que las obras debían superarse y con ese criterio opinó que Santiago Del Estero, se encontraba en retardo dentro de la evolución económica de sus recursos naturales. Nació así el pensamiento de establecer una fábrica de Tanino, desafiando a quienes decían que nuestro quebracho carecía de la coloración y abundancia necesaria para poder ser utilizado en usos industriales.
     Así surgió la fábrica, su chimenea denunciaba el comienzo de una nueva era en la vida provincial de una de sus más inmensas zonas, se mostraba gigantesca como un índice de la capacidad e inteligencia de los hombres.
     Su construcción, abarcaba mil doscientos sesenta metros cuadrados, además de la casa (administración y su galpón de materiales), que suman otros seiscientos sesenta metros cuadrados más.
     Este emprendimiento se impulsó el 20 de mayo de 1940, su producción a comienzos de 1941 era de setecientas toneladas de tanino por mes, acentuándose la misma hasta dos mil toneladas; trabajando diversos obreros, ininterrumpidamente en tres turnos de ocho horas cada uno. Se ocuparon alrededor de ciento diez obreros en la fábrica exclusivamente y unos mil doscientos en las tareas del monte.
     En ese entonces el pueblo era un vergel, calles abovedadas, el bosque intocable, los árboles frondosos, los terrenos cubiertos de césped donde no se encontraba ni basuras ni yuyos. También se había construido un hermoso hospital.
     Había un pueblo en orden total. El Sr. Weisburd, ya anciano, prohibía que salieran embriagados a la calle; mandó a construir un cine y pistas de bailes para entretenimiento de la gente. A pesar de ser judío, quiso que el pueblo tenga una Iglesia para cultivar su Fe. Hoy permanece con el nombre de Nuestra Señora  de Fátima.
     Nadie podía presagiar lo que Luego ocurriría. El producto tecnológico inventado por el hombre comienza a reemplazar el tanino; por otro lado el monopolio impuesto por las tanineras de origen anglosajonas obligan a bajar el precio de la Compañía Weisburd; a esto se le suman su edad avanzada, sufrimientos y enfermedades, lo que provoca su inevitable retiro de la actividad, viendo por tierra tan preciado y minucioso plan, llevado a cabo por él.
    Fue llevado muy enfermo a la ciudad de Buenos Aires y falleció el 18 de abril de 1952, sus restos fueron trasladados a Moisés Villé (dónde descansaban los de su esposa).
    En el año 1968 la firma Weisburd se declara en quiebra; he aquí la finalización de una etapa gloriosa, que nos deja a todos  con una mezcla de sentimientos que muy difícilmente podamos explicar.

Agradecemos enormemente el aporte realizado por la Sra. Sofía
Montesino de Abalovich. (llegó a Weisburd en el año 1946. .Maestra)
Agradecemos a Walter Zalazar por sus comentarios y anécdotas.
A Félix González, un apasionado de su pueblo.
A Héctor E. Navarrete, le agradecemos su colaboración desinteresada.
 También utilizamos información del Sr. Luís Noriega y datos recopilados de periódico NOTICIAS, editado en Añatuya. 31 de diciembre de 1942 aportados gentilmente por la señora María Estela del Valle Martini.


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