La Familia Escolapia nos acompaña con su labor desde hace varias décadas y L.E.A. Revista del Interior se acercó a ellos para entrevistar al Padre Plácido Menditto, actualmente responsable principal de la Orden en Quimilí.
L.E.A. ¿Hace cuánto tiempo que los Escolapios se encuentran en Quimilí?
Padre Menditto: En el año 1.968 un Capítulo Provincial de los Escolapios en La Argentina, vio la necesidad de abrir una nueva Casa en nuestro país y sobre todo en un lugar en situación de pobreza, donde se pueda llevar a cabo La Misión de Educar especialmente a los niños y jóvenes con más necesidades. Así nos lo dice San José de Calasanz en su Espiritualidad y también en su pedagogía.
En ese entonces Monseñor Gottau andaba buscando congregaciones para cubrir los distintos pueblos y las distintas necesidades que él percibía en la Diócesis, le hace el ofrecimiento a los Escolapios y nosotros aceptamos gustosamente.
En el año 1.970 se realizan todas las tratativas pertinentes para hacerse cargo de la institución educativa para comenzar en marzo de 1.971. Los dos primeros misioneros Escolapios que asumen en el colegio son el Padre Aisa y el Padre Alejandro, y desde allí, hasta el día de hoy, nuestra Orden a tomado la dirección pedagógica del instituto.
L.E.A.¿Qué necesidades ven actualmente en Quimilí?
P. Menditto: Yo pienso que la necesidad generalizada en todas partes es que nos estamos alejando de Dios. Toda persona, todo hombre, todo niño necesita de Dios, necesita que le hablemos de Dios, que se vea a la vida con más trascendencia, que todos los sufrimientos y dolores que existen se pueden sobrellevar y vencer desde la Fe y con la fortaleza que nos da Dios.
Otro problema serio es la extrema pobreza en la que vive la gente, la marginación y la situación de esclavitud de la que no pueden salir por no tener un trabajo digno. Hace falta que a todos los obreros, trabajadores se los dignifique, se cumpla con sus aportes jubilatorios, su obra social y se los respete.
L.E.A. ¿usted cree que desde la educación se puede revertir esta realidad?
P.Menditto: Pienso que la única forma de revertir esta situación es a través de un proceso educativo. Cuando San José de Calasanz vio en Roma una situación quizás peor que esta se dio cuenta de que la única forma de salir era la educación de los niños y jóvenes y, de hecho, la transformación de la sociedad se fue dando gracias a ésta. Aquí mismo, después de casi cuarenta años de nuestra labor, se puede percibir en Quimilí la transformación de muchos hombres y mujeres que han pasado por nuestra institución y ahora son docentes, tienen otras profesiones, tienen otra visión del mundo, de la sociedad, del hombre y le están dando a sus hijos una educación diferente a la que ellos pudieron recibir.
Entonces yo creo que la misión educadora es la más importante, por supuesto que hay que tomarla como una vocación, con una entrega permanente al niño y al joven, no solo de conocimientos, sino también de amor para formar el corazón de la persona.
L.E.A.¿Cómo es el sostenimiento del colegio?
P.Menditto: Cuando nosotros hablamos que San José de Calasanz es el primero que funda una escuela gratuita y para todos, el primer Santo dedicado a la enseñanza y que ahora nosotros tenemos que cobrar una cuota ayuda, nos preguntamos cómo puede ser que Calasanz podía hacer una escuela gratuita. Calasanz podía porque eran solamente sacerdotes los que enseñaban y ellos podían vivir con una huerta que les otorgaba el Rey o el Obispo del que dependían y no exigían otra cosa con tal que se les permitieran abrir escuelas. Pero cuando se transformó la sociedad y los laicos entraron a colaborar con la educación, lógicamente tienen que percibir un sueldo. En nuestro caso el gobierno solo subvenciona na los salarios de los docentes de planta pero los contratados, los ordenanzas y otros los tenemos que pagar nosotros.
También hay un edificio que mantener, material de trabajo que comprar y servicios que pagar. Hay muchísimos gastos y los tiene que afrontar la institución, es por eso que se pide una ayuda de colaboración a los alumnos para llevar adelante esto.
Actualmente la cuota es de $30 pero hay una gran cantidad de alumnos que están becados totalmente, no pagan absolutamente nada, otros aportan $15, otros $10 y otros $5, de acuerdo a las posibilidades de cada uno.
L.E.A.¿Cómo se sienten al ver que año tras año los que quieren venir al colegio son muchos y el espacio que tienen es reducido?
P. Menditto: Por una parte nos gratifica la idea de que siguen confiando en nosotros y nuestro ministerio es estar junto a los niños y los jóvenes para brindarles educación. Dar clases a los chicos nos da mucha felicidad y con el equipo de profesores que tenemos tratamos de dar una buena educación, que la familia y la sociedad está pidiendo.
Por otro lado se que ciertamente el colegio tendría que ser más grande, nosotros sentimos la necesidad de tener a los chicos desde jardín de infantes, desde primaria y estamos haciendo todo lo posible para ver si recibimos alguna ayuda para poder hacer la escuela primaria en el predio que tenemos en el barrio Malvinas y también que el gobierno subvencione a los maestros que necesitamos, si esto no se consigue no vamos a poder hacerla, porque no queremos hacer una escuela clasista sino una escuela popular.
L.E.A.¿Qué mensaje le daría a los chicos que quieren abandonar la escuela?
P. Menditto: Es un problema muy profundo y serio. Hoy el joven no está motivado, no ve un futuro, no tiene valores que los alienten a seguir. Los valores son inmediatos: pasarla bien en el momento, lograr la satisfacción ahora, es el postmodernismo que nos rodea. La sociedad y los medios de comunicación están precisamente inculcando eso. Lo importante es gozarla ahora, en el momento, hoy, el mañana no interesa.
La educación es un proceso a futuro, es un invertir trabajo hoy para que después se convierta en beneficio. Muchos jóvenes no quieren aceptar el desafío y a esto se le suma problemáticas familiares, económicas, dificultades psicológicas, espirituales, afectivas que llevan a que no se sientan contenidos, acompañados por su familia, no se sienten queridos. Necesitamos recuperar el calor de hogar que la sociedad ha ido perdiendo.
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