viernes, 9 de enero de 2015

QUIMILÍ LLORA POR LA PÉRDIDA DE MILAGROS (16-05-2006)

           Con profundo dolor, nos toca comunicar el fallecimiento de María Milagros Jaimez, una niñita de tan solo 11 años de edad, quien el domingo próximo pasado sufrió graves quemaduras e intoxicación a raíz del incendio originado por un ladrón que entró al negocio y vivienda que su padre, Juan Antonio Jaimez, tiene en pleno centro de nuestra ciudad.
En la oportunidad la niña se encontraba sola y sorprendida por el delincuente no pudo escapar.  Trató de ocultarse pero el mal viviente incendió la habitación en la que se encontraba, causándole las profundas lesiones.
La menor fue trasladada a Santiago Capital e internada en el hospital de niños Eva Perón, con pronóstico reservado. Esta mañana cuando la trasladaban a Tucumán, no resistió y falleció en el trayecto.
Es muy difícil encontrar las palabras de consuelo para esta familia desmembrada y herida en lo más hondo de su ser. Ojala que Dios y la Virgen los ampare para seguir adelante en esta vida, que a veces nos muestra su peor faceta.
Esto debe hacernos reflexionar sobre la situación de inseguridad constante en la que vivimos. Es tiempo de hacernos cargo de esta problemática que pone en vilo a nuestro pueblo que ya dejó de ser el lugar tranquilo, que a veces creemos que es.
Nos da mucha bronca y dolor la pérdida de Milagros, que no tenía la culpa de que estos delincuentes y enfermos sociales anden sueltos e impunes por nuestro medio.
Estamos hartos de que los indefensos paguen las consecuencias. No queremos perder más hijos. Debemos unirnos para terminar con esta barbarie.
Es hora de ocuparnos de los problemas reales de nuestra sociedad y no malgastar el tiempo y el esfuerzo en discusiones absurdas que no conducen a nada.
Hagámonos cargo de este problema que nos afecta a todos. Colaboremos para que nuestra policía tenga los medios, el equipamiento y el personal necesario para poner entre rejas a los delincuentes que nos asedian. Luchemos para que nuestros jueces no permitan que el que delinque entre por una puerta y salga por otra.
Nada ni nadie le va a devolver el sosiego a esta familia, pero no permitamos que esto se repita. Quimilí necesita seguridad. Ojala que no sea una utopía más de un pueblo que solo quiere crecer y vivir en paz.


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