DE “CHICO MAJADERO A GENERAL”
...Un 9 de marzo de 1.811 las armas del Ejército enviado por la Junta de Mayo chocaban con las paraguayas en las proximidades del río Tacuary. Ocurrió allí un hecho curioso e inédito: El gran vencedor entregaba al enemigo derrotado once onzas de oro para ayudar a las viudas de los caidos en batalla. Como si esto fuera poco y ante la emoción del oponente por tamaño gesto, el general triunfante regaló a su vencido un valioso reloj que lo acompañaba desde su juventud.
Este General ético y virtuoso, aún en el campo de batalla, no era otro que Manuel José Joaquín Del Corazón de Jesús Pieri González Casero Belgrano, que vio la luz el 3 de junio de 1.770 en Buenos Aires.
Cursó sus estudios en el colegio San Carlos obteniendo la licenciatura en Latín y Filosofía, posteriormente se trasladó a España recibiéndose de Abogado en Salamanca y Valladolid.
Al regresar a Buenos Aires participó de la defensa de la ciudad ante las invasiones inglesas de 1.806 y 1.807, revistiendo el grado de Sargento Mayor del Regimiento de Patricios. Ejerció además el cargo de Secretario del Consulado de Buenos Aires, fue vocal del Primer Gobierno Patrio e improvisado General cuando su Patria estaba en peligro.
Supo, Manuel Belgrano, contagiar a sus dirigidos las virtudes marciales y el espíritu patriótico, sobre todo cuando enarboló por primera vez la Enseña Nacional en la Villa del Rosario, al establecer a orillas del Paraná las Baterías Libertad e Independencia el 27 de febrero de 1.812.
Que paradójico Bandera, Libertad e Independencia sintetizaban sus objetivos primordiales, por los que sacrificó vida y familia.
Triunfante en las batallas de Tucumán y Salta recibió el reconocimiento del gobierno que lo premió con una importante suma de dinero, que inmediatamente donó para la creación de tres escuelas en el Noroeste. De igual manera en Potosí, cuando la ciudad lo premió con un Escudo de Plata, tuvo el gesto de donarlo a Buenos Aires.
¿Acaso su renunciamiento no tiene límites?, indudablemente no, pues cuando su casa fue asaltada por el sublevado General Franco de la Cruz, el 12 de noviembre de 1.819, Belgrano exclamó… ¿Qué queréis de mí?, ¿se necesita mi vida para asegurar el orden público?... ¡Ved ahí mi pecho!... ¡Arrancádmelo! demostrando, así, que también cedió su vida en bien de la Patria, a la cual durante toda su existencia solo le cobró la mitad del sueldo para no perjudicar las finanzas públicas.
No quepa duda de la templanza, de la hombría de bien de don Manuel Belgrano que aún en la peor de las derrotas no dejaba decaer el ánimo de sus soldados gritándoles… ¡Vamos que todavía flamea en nuestras manos la Bandera de la Patria!, que revisaba personalmente el alimento de sus hombres y los libros de la administración del ejército.
En síntesis el General Belgrano fue el alma privilegiada que dejó en el campo de batalla la chispa revolucionaria, que promovió el comercio libre, la educación, la virtud y la entrega, de la mano de su espíritu metódico, sagaz y perseverante.
El 20 de junio de 1820 en la más absoluta pobreza en el mayor de los olvidos fallecía el General, el chico majadero, como lo habían llamado afectuosamente sus soldados, moría el paradigma de prócer.
Profesor Juan Daniel Cano
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