Un cajón de lustre liviano, pomada de varios colores, tinta, cubre medias, trapos, cepillos y la sonrisa dibujada de un niño soñador, hacen que este lustrabotas sea una persona especial. Además este oficio casi en decadencia ; recuerda a lustrines de otros tiempos que de a poco se fueron ausentando de nuestro pueblo..
Ricardo Daniel Coria en mayo cumplió 12 años, es hijo de Sixto y de Yolanda; tiene tres hermanos y hace un año que recorre las calles y confiterías de Quimilí desempeñando su oficio de lustrín.
“Cuando salgo de la escuela, como algo y vengo al centro con mi cajón a cuestas. Es que a esa hora ya tengo algunos clientes”, dice Lucas con naturalidad.
“Tengo muchos amigos, me gusta jugar a la pelota con ellos, y cuando puedo nos divertimos un montón”.
Es muy probable que si miramos con atención, veamos a Ricardito en alguna esquina, Farmacia o Confitería buscando un buen lugar para realizar su trabajo.
Su aparente madurez, hacen que su vida sea entretenida y con el anhelo de poder lograr sus sueños,
“ yo quiero seguir estudiando, me gusta la escuela y hasta ahora me va bien. Cuando sea grande voy a ser maestro. Por el momento lo que gano lustrando lo ahorro o le doy a mi mamá cuando necesita.
Hay días que me desanimo porque no tengo suerte, pero cuando me va bien me voy feliz a casa y le cuento a mi familia.”
Ricardo, realiza su oficio con alegría y también disfruta de sus ganancias. Se inició en esta labor pensando, que un día debía hacer algo para enfrentar la vida y darse algunos gustos.
“Al principio me costaba un poco, pero después fui ganando confianza y ahora ya tengo mi propia técnica para lustrar. Los zapatos quedan como nuevos.
Me gusta que el cliente quede satisfecho, especialmente después de un día de lluvia, porque debo esmerarme un poco más de lo normal”.
Por ahí, Ricardo tiene suerte y es bendecido por la lluvia de Santa Rosa convirtiendo ese día en uno de sus principales desafíos.
Pablo César Acosta
No hay comentarios:
Publicar un comentario