viernes, 13 de febrero de 2015

Como me duele el DÍA DE ESTAS MADRES 16-10-2006 Editorial 15 de LEA Revista del Interior

              Días pasados, caminado por las calles de Quimilí tuve la oportunidad de encontrarme, como tantas otras veces, a una mujer que evidenciaba en su rostro no se si muchos, pero sí largos y sufridos años. Recogido hacia atrás y sostenido con una traba colgaba unos 30 centímetros la canosa cabellera, marcando por la espalda humedad de recién lavada. De ropa humilde, viejos zapatitos cubrían los pies sin medias y en su brazo izquierdo colgaba un bolso describiendo dignamente su pobreza.
De voz medio dudosa atinó a saludarme y antes que le respondiera, me ofreció de su mercancía para que yo le comprara. Tiene de varios precios:  más chica, mediana o grande fue lo que me explicó intentando acomodar mis necesidades. Sin darle respuesta a la oferta preferí conversarle y ella perdiendo la desconfianza no dudó en engancharse.  Aquí nomás a tres cuadras vivo y son muchos los “chicajes” hay que darles de comer, a mi no me alcanza por eso salgo a vender “amchi”. 3 van a la escuela, 2 son chiquitos y los otros ya son grandes, son los que me ayudan sino pasaría mucho hambre. Recorro todo el pueblo, ya me conocen saben que es para la carne, la yerba y el azúcar sino no podría tomar mate. A veces mis espaldas no me dejan me duelen de tanto moler el “amchi”, el mortero es muy petizo por lo que tengo que agacharme. No veo las hora en que crezcan y se vayan a trabajar para que yo pueda descansar.
Terminamos la conversación, se despidió y sin variar el ritmo con el que llegó, continuó su viaje. Me quedé con la tristeza y la impotencia, se me pareció a mi madre, con el mismo sacrificio y la entereza de trabajar hasta “transpirar sangre” todo por un hijo, por amor por lo que vale. Como me duele el DÍA DE ESTAS MADRES.


Ramón Rito Enríquez

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