lunes, 9 de febrero de 2015

11 de Septiembre (Editorial 13 de LEA Revista del Interior) 16-09-2006

                    El 11 de septiembre dejó de ser para muchos argentinos la fecha excluyente del prócer Domingo Faustino Sarmiento. Claro que la globalización en la que vivimos nos hace sentir partícipes de todo lo que ocurre en el mundo, por lo que en estos últimos 5 años se ha opacado un poco el día del Maestro debido al terrorífico ataque a las Torres Gemelas en EE UU: Increíbles imágenes de aviones que entran en tan magnos edificios. Y desde ese momento cambió el mundo.
                    No obstante a ello, en Argentina no deja de ser septiembre mes de la educación. Se festejan varios días especiales y todos tienen que ver con la escuela, empieza el 4, aunque no exclusivamente escolar, con el Día de la Secretaria, luego el 8 Día de la Alfabetización, el 11 Día del Maestro, el 13 Día de la Bibliotecaria, el 17 Día del Profesor, el 21 Día del Estudiante, el 28 Día del Rector y culmina la ronda de festividad el 4 de Octubre que es Día del Preceptor.
Más allá de estas conmemoraciones que honra la memoria y concreta reconocimientos, está siempre expectante un minucioso análisis de la realidad educacional circundante por estos tiempos y, si algunos aspectos son más relevantes que otros, pueden ser las siguientes, buenas puntualizaciones:
* No asisten a la escuela todos los jóvenes en edad escolar. Una de las causas puede ser porque muchas familias hoy no consideran a la escuela como objetivo primordial para el futuro de sus hijos.
* A los chicos les dejó de gustar la escuela. No es únicamente consecuencia cultural, social o económica, sino que además es responsabilidad de quienes hacen escuela, desde los que sancionan la obligatoriedad hasta los que se mueven en el seno mismo de cada institución.
* La cuestión económica es altamente decisiva, tanto para el docente que tiene que andar buscando por donde hacer un peso más, como para el alumno que muchas veces apenas le alcanza para comer. Cómo pedirle entonces elementos de trabajo y comodidades, ni siquiera las mínimas.
* La calidad educativa va en detrimento. No hay buena capacitación ni actualización académica. De quien depende que el profesional se perfeccione permanentemente. ¿Es una obligación de la Institución? o ¿Es una cuestión de auto-concientización?
* ¿En dónde se le va el tiempo al docente? Pasa que para la gran mayoría trabajar en la educación es dar respuesta a las necesidades para vivir. Entonces no queda tiempo para la verdadera escuela que empieza en la institución pero continua en la casa.
* Las innovaciones están casi ausente. Mucho hay que andar para definir alguna escuela como nueva por cambios mejorados que se hayan implementado. Estas realidades hablan de capacidades estancadas o mal utilizadas.
* Qué pasó con las jornadas de perfeccionamiento en servicio. No se escucharon motivo que justifiquen su desaparición pero al parecer han sido en su mayoría auténticas pérdidas de tiempo.
Tampoco debemos dejar de valorar semejantes ejemplos que existen en el ámbito. Nadie puede no reconocer indescriptibles esfuerzos y sacrificios que hacen tantos docentes día a día para llegar a sus lugares de trabajo. Muchos saben de frío, lluvia o calor estando parado a la vera de la ruta esperando ser llevado 20, 30, 40 o quizás más kilómetros, para llegar a desempeñar tan noble tarea.
También es loable que haya compromiso con la labor. La Educación requiere de un cambio. Un replanteo que empiece a corregir importantes falencias que hacen peligrar el futuro de nuestra humanidad. Los argentinos no estamos preparando el futuro como corresponde y en esto tiene que ver la problemática económica, las políticas, las infraestructuras, y lo más importante el compromiso. Estamos acostumbrándonos a persistir en la poca responsabilidad, en la despreocupación, y lo más triste que se esta inculcando esta modalidad. Claro persistir, entra a convencer de que lo que se hace esta bien aunque la verdad lo demuestre pésimo.


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