Cuando me senté a completar la página editorial, traía en mente escribir sobre el aborto. Sobre esta práctica creciente que nos concierne a todos y nos debería ocupar.
Entonces me vino a la memoria el instante en el que me anunciaron la noticia de que era el responsable de una de una vida que se estaba gestando en el vientre de mi mujer. Nunca había sentido tanto miedo, nunca había sentido tanta felicidad.
Miedo por desconocer lo que iba a venir, por no saber si era capaz de asumir tremenda responsabilidad; y felicidad, porque una parte de mí comenzaba a latir en otra persona, en otro ser.
Hoy, esa personita, de dos años con cuatro meses, transformó mis miedos en seguridades y se convirtió en la razón de mi existir, de mis esfuerzos y de mis deseos de un mundo mejor, sin excluidos ni postergados.
Antes de esta experiencia de ser padre, jamás imaginé que se podía ser tan feliz; nunca pensé en la fortaleza que genera el Milagro de la Vida; nunca imaginé que al escuchar la palabra papá se me agigantaría el corazón y me sentiría el hombre más grande del mundo.
Hoy se repite la historia y otro ser está en camino, con algunas complicaciones, pero con la certeza de que lo estamos esperando con amor, para agrandar esta familia complicada y maravillosa que pudimos formar.
Todas las realidades no son iguales y cada persona es un misterio, pero decidir por la vida es lo más acertado y noble que hice en mi existencia. Les aseguro que después de ser padre no hay obstáculo que sea insalvable, no hay escollo que sea insuperable, no hay tiniebla que no se ilumine cuando tu hijo está contigo.
El aborto no es un tema para dejar pasar por alto, es un problema para considerar desde la familia, desde la educación y sobre todo desde el amor.
Decidamos por la vida.
Diego Eliseo Leonardo López
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