EL PLANETA QUE BUSCAMOS:
Era un domingo muy caluroso. En un lugar llamado “Soledad”, caminando por la calle “Tristeza”, iba el joven Antonio un poco deprimido pues parecía no encontrar sentido a sus pasos.
Mientras realizaba su recorrido, “Tonito”, como le decían los que lo conocían, iba golpeando puertas para que le abrieran y quizás encontrar algún alivio a su pesar. Sin embargo, nadie se hacia eco de su llamado.
El desolado joven seguía su camino, insistiendo de puerta en puerta sin tener respuesta alguna, hasta que al final de la calle, en el cordón de la vereda encontró una extraña bicicleta que le dijo:
- Súbete y te llevaré al lugar donde encontrarás lo que andas buscando.
“Tonito” se asustó al oír la voz que provenía de ese curioso rodado, pero igualmente se acercó a él y le preguntó:
- ¿Cómo es que puedes hablar?
La bicicleta en tono misterioso le contestó:
- Que pueda hablar es lo de menos, lo importante es a dónde te puedo llevar.
- ¿A dónde?. Inquirió algo inquieto el muchacho.
- Sube y verás.
Antonio dudó un instante, pero tomó coraje y la montó. En ese momento una cúpula de cristal lo cubrió y la bicicleta comenzó a volar hacia el espacio.
- Sujétate bien que el camino es largo y turbulento. Expresó el raro móvil.
- ¿Hacia dónde me llevas?. Manifestó inquieto el muchacho.
- Ten confianza, solo puedo adelantarte que vamos al Planeta “Familia Unida” o Planeta FU como nosotros lo llamamos.
Viajaron a gran velocidad por varias horas. Antonio se había dormido. De pronto la bicicleta le dijo:
- ¡Despierta! Estamos llegando a destino.
Antonio se despertó y pudo ver que se acercaban a un planeta pequeño con forma de corazón. Entonces preguntó.
- ¿Para qué me trajiste aquí?
- En este lugar encontrarás todo lo necesario para ser feliz.
Aterrizaron en el planeta y comenzaron a recorrer por sus sendas de alegría, salpicadas de flores multicolores. Mientras avanzaban, el nuevo visitante, observó que había muchas puertas y que estaban todas abiertas de par en par. Pasaron por ellas y “Tonito” se encontró con alguien que dijo ser Don Amor, éste le presentó a sus hermanos Contención y Comprensión. Juntos salieron para seguir paseando y al pasar por otra puerta se encontraron con el Señor Ánimo, quien estaba acompañado de su bella esposa, la Señora Sinceridad.
Todos le hablaron de las bondades de la vida y le hicieron comprender cosas que jamás hubiera imaginado. Finalmente el joven jubiloso exclamó:
- ¡Me siento feliz!, ¿por qué aquí todo es diferente?
A viva voz y al unísono, todos respondieron:
-Porque llegaste al “Corazón de la Familia”
Autor: Diego Eliseo Leonardo López
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